Cuentos de Yolanda

Cuentos de Yolanda
Cuentos para niños y mayores, cuentos diferentes, que te hacen pensar, con su moraleja al final de la historia. Aunque penséis que son muy complejos para un niño, no subestiméis su entendimiento, su forma de ver las cosas y la vida, puede que no lo vean como los adultos, porque sí, son niños, pero no son tan ignorantes como los vemos, simplemente su perspectiva es diferente a la nuestra, no dudéis en leer los cuentos a vuestros hijos, explicarles las palabras que no entiendan, para que puedan absorberlas, y sorprendeos con su capacidad de razonamiento.

viernes, 6 de febrero de 2015

¿Existen los unicornios?

Si no entiendes una palabra búscala más abajo, en el diccionario para peques

¿Existen los unicornios?



Seguramente, alguna vez, os habéis sentido diferente.
Laura era una jovencita muy especial, de gran corazón, que convivía con una manada de caballos salvajes.
Los observaba todos los días, correr libres por la llanura. Envidiaba ver familias enteras felices.
Ella no conoció a sus padres, fue adoptada, y aunque la criaron como una más de la manada, no se sentía cómoda con su familia adoptiva.
Laura era diferente y todos lo sabían.
Era de un color blanco brillante, con las crines largas y relucientes, probablemente el caballo más hermoso que hayan visto, si no fuera por una peculiaridad, esa particularidad que le hacía tan especial, única en su especie, tenía un cuerno en mitad de la frente que le hacía diferente, sí, única y especial, pero motivo de rechazo y alejamiento por parte de la manada, sobre todo de los más jóvenes, que por temer lo que no conocen, su reacciones eran de burla y sarcasmo hacia Laura.

¡Pobre Laura! Ella sólo quería ser una más, como los demás, pero no la dejaban demostrarlo, siempre había alguien que se empeñaba en recordarle que no era exactamente igual que ellos.
Y menos mal, que no era igual a ninguno de los presentes, sin duda, era la más inteligente, con el corazón más noble, más veloz que sus compañeros, y siempre, siempre, pensaba positivamente. Laura sabía que era afortunada de ser así, aunque nadie más, se diera cuenta de ello.


Un día, paseando entre los suyos, escuchó a un pequeño potrillo que le preguntaba a su mamá:
- ¡mamá, mamá! ¿por qué Laura tiene un cuerno en la cabeza?
y la madre respondió, - porque es un unicornio.
- ¡mamá, mamá! ¿y por qué Laura es la única que tiene un cuerno en la cabeza?
-Porque los unicornios ya no existen hijo. Y la madre aceleró el paso, para que el potro intentara alcanzarla.
Laura perpleja, se quedó pensando ¿Existen los unicornios?, bueno sí, ella era uno, pero, ¿habría más como ella, allá afuera?, ¿lejos del valle? ¿quizás al otro lado de las montañas? A partir de ese momento, empezó a imaginar a otros unicornios, ¡sí, seguro! había más cómo ella o similares a ella, en algún lugar, sólo tenía que salir a buscarlos. Pero todavía era muy joven para emprender un camino tan largo. 

Laura perpleja, se quedó pensando ¿Existen los unicornios?, bueno sí, ella era uno, pero, ¿habría más como ella, allá afuera?, ¿lejos del valle? ¿quizás al otro lado de las montañas? A partir de ese momento, empezó a imaginar a otros unicornios, ¡sí, seguro! había más cómo ella o similares a ella, en algún lugar, sólo tenía que salir a buscarlos. Pero todavía era muy joven para emprender un camino tan largo. 

Pasaron los años y Laura se hizo adulta. 
Ya estaba preparada, su mayor ilusión era encontrar a otro unicornio.
Se despidió de su familia adoptiva, de su manada, amigos que la querían y la apreciaban. Con los años, Laura con su forma de ser, conquistó los corazones de cada caballo que conocía, las burlas de antaño, quedaron atrás, convertidas ahora en elogios y caricias. 
Era triste separarse de sus seres queridos, pero era necesario para poder encontrar su propio camino, camino a lo desconocido, a la verdad, a una vida nueva, a su futuro.
Laura caminó y caminó, pasaron los días, los meses y los años, atravesó, valles, montañas, ríos, bosques y ciudades, ¡quizás alguno de vosotros la ha visto galopando alguna vez!, ¡quizás alguien le ha visto beber agua en un arroyo!, o incluso ocultarse entre los árboles, por miedo a ser cazada por otro ser que ansíe tener la cabeza de un animal exótico en la pared de su casa. Pero por mucho que viajó en busca de otros unicornios, no los encontró. ¿Quizás ella era la última de su especie? ¿Quizás los demás tenían razón y ya no existían los unicornios? Laura se paró a descansar y ocurrió algo extraordinario... 

Otro unicornio se paró a descansar justo al lado de donde se había tumbado ella.

- Hola, me llamo Carlos ¿y tú?
- Laura. 
Y se produjo un silencio, unos minutos de tranquilidad, donde ambos unicornios se miraron, conectaron, y parecían comunicarse con los pensamientos.
No se lo podían creer, los dos unicornios llevaban tiempo buscando, más seres cómo ellos, y cuando dejaron de buscar, se encontraron por casualidad.
Se pasaron toda la noche hablando, conociéndose, explicando sus viajes por el mundo.
Se hicieron amigos, y con el tiempo, esa amistad se convirtió en cariño, formaron una familia, el amor fraternal e incondicional, crecía cada día, y vivieron felices.


Educaron a su hijo, como un ser único y especial que era, viajando por el mundo en busca de más unicornios, dejando que él mismo descubriera su propio camino, aprendiendo los valores de la vida.
Sí alguna vez veis un unicornio triste y solitario, acercaos con cautela, para no asustarlo, y decirle que no se rinda, que siga buscando, que hay más seres cómo él, únicos y especiales, que desean ser encontrados.




FIN


Diccionario para peques:

crines - pelo del caballo
peculiaridad - algo diferente
sarcasmo = ironía - decir lo contrario de lo que es, con tono de burla.
corazón más noble -  persona buena, ser bondadoso.
potrillo - el hijo de los caballos
similares - parecidos
antaño - antiguo
que ansíe tener - que desee tener, que quiera tener
amor fraternal - amor entre padres e hijos
incondicional - sin condiciones, sin que te obliguen, porque tú lo quieres
con cautela - con cuidado



Y.L.L.
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    Una historia de dragones



    Una historia de dragones



    Alguna vez ¿habéis soñado con dragones?
    Esteban era un niño de diez años, que nunca había soñado nada, nada de nada, ni si quiera había soñado despierto. Eso que tenían los demás niños que llamaban imaginación, para Esteban no existía, no era capaz de crear historias, o ver más allá de la realidad.
    Un día de colegio, la clase tenía programada una excursión a una reserva natural, en la que verían animales en libertad, y tendrían que tomar nota de todo, para después hacer una redacción.
    El lugar era precioso, inmenso, Esteban jamás había estado en un parque tan grande, se quedó embobado mirando la altura de esos árboles centenarios, y la cantidad de animalillos que correteaban a su alrededor, y que no parecía que tuviesen miedo al ser humano.
    Cuando se quiso dar cuenta, su grupo se había alejado tanto, que no conseguía verlo, Esteban empezó a acelerar el paso, pero más adelante se encontró con un cruce de caminos, y no sabía cuál sería el camino correcto que habrían tomado sus compañeros. Miró el camino de su izquierda, observó la escalinata del camino a su derecha, pero... El camino que realmente llamó su atención, fue el camino central, el único camino que no tenía baldosas, ni indicaciones, ni siquiera parecía un camino seguro, era un pasillo estrecho, cubierto con las hojas caídas de los árboles, y con luz intensa al final, que le despertaba cierta curiosidad, averiguar qué habría al otro lado.
    Esteban se adentró en el camino, y justo llegando al final, antes de que sus ojos se acostumbraran a la luz, tropezó con la raíz de un árbol, que sobresalía del suelo, pero que había quedado oculta con las hojas caídas.
    La caída fue dolorosa y desafortunada, pues justo su frente fue a dar con una roca, que le abrió una pequeña brecha, y al incorporarse, le cayó un reguerito de sangre, que bajó por la nariz, y goteó en el suelo. Esteban, intentó dar un par de pasos, pero mareado, cayó al suelo desmayado.
    De repente sintió algo húmedo que le lamía la herida, abrió los ojos y con la visión algo borrosa, vio algún tipo de animal pequeño, con una lengua enorme y llena de babas, y del susto, pegó un grito, el animalito se asustó, dio un paso atrás, le miró y salió corriendo, desapareciendo en la oscuridad.
    ¿Cómo es posible? ¿Qué le había pasado a la luz? ¿Por qué estaba todo tan oscuro? ¿Qué hora sería? ¿Cuánto tiempo había permanecido inconsciente?
    Esteban se levantó del suelo y empezó a caminar sin rumbo, hacia adelante, donde antes había una luz cegadora, ahora sólo había oscuridad.
    Pero sintió como si le observaran, creyó ver algo moviéndose entre los árboles, gritó pidiendo ayuda, pero no parecía haber nadie cerca, corrió hasta la entrada de una cueva, donde quiso entrar a refugiarse, pero escuchó como un rugido, que venía de su interior, sería la guarida de algún animal, pensó, y dio media vuelta y empezó a caminar de nuevo.
    Cansado, con hambre y frío, atemorizado, por si aparecía un animal y lo devoraba, se paró, se sentó en el suelo con las piernas cruzadas, y sacó una chocolatina de su chaqueta, para comérsela tranquilamente.
    Entonces escuchó moverse las tripas, pero... no las suyas, miró a su derecha y lo vio, era aquel animal borroso que le había estado lamiendo la herida de la frente, sí seguro, era él, pero... No era un animal cualquiera, no, no, era... era... era un dragón, bueno uno pequeñito, un cachorro de dragón, estaba mirando la chocolatina fijamente, con sus ojitos rojos bien abiertos, ¡jo, pobrecito! estaba sólo como él, y parecía no haber comido en mucho tiempo. Esteban pensó que ya que le había limpiado la herida, lo menos que podía hacer es compartir su chocolatina con aquella criaturita. El dragoncito, se acercó a su mano, olisqueó la chocolatina, y... se la comió de un bocado, no era gran cosa, pero ese gesto, fue suficiente para hacerse amigo de Esteban, durante un rato, estuvieron jugando, corriendo uno detrás del otro, pero... entonces... apareció un dragón mucho más grande, tenía pinta de ser la mamá o el papá del dragoncito, porque éste, al verle, salió corriendo a restregarse en la tripa del dragón, que le arropó con sus grandes alas.
    Después de un minuto de caricias y lametones, el gran dragón, se separó del pequeño y escupió una gran bola de fuego al cielo, (para no quemar ningún árbol). Seguramente estaba regañando al dragoncito por alejarse de los suyos, Esteban, mirando aquella escena familiar, pensó que... ¡qué suerte tenía el pequeño dragón!, había encontrado a alguien que se preocupaba por él, un ser querido que le podía echar una regañina, cuando hacía algo mal, pero que seguramente, no habían parado de buscarlo, hasta encontrarlo. Se dio cuenta, que sus padres estarían igualmente preocupados por él, y que seguro, también le regañarían, cuando le encontraran, pero, eso no le importaba, lo único que quería, era volver a verlos, así que se volvió y empezó a correr hacía donde creía que era el camino de vuelta a casa, el cielo se estaba volviendo cada vez más claro, seguramente estaba a punto de amanecer, así que decidió sentarse y esperar a que se hiciera de día, sacó su libreta y decidió dibujar a su pequeño amigo, para no olvidarse de él, pero el cansancio acumulado pudo con Esteban, que se quedó dormido, con la libreta y el lápiz en la mano.
    Ya entrada la mañana, con el sol en lo alto del cielo, calentando su rostro, un destello de luz en sus párpados, hizo que Esteban abriera lentamente los ojos, y cuál fue su sorpresa, al ver que su profesora, sus padres y un guarda forestal, le estaban rodeando, parece que vuelve en sí, decía el guarda, ¡Esteban, Esteban! gritaba el padre, y cuando pudo reaccionar, la madre abrazó a su hijo tan fuerte, que apenas podía respirar, Esteban dijo: "estoy bien, estoy bien, ahora toca lo de la bola de fuego, ¿verdad? ", la madre miró a su marido extrañada y seguidamente, revisó la herida que Esteban tenía en la cabeza, el guarda forestal recogió el cuaderno del suelo, lo miró y se lo entregó al padre diciendo; "menuda imaginación tiene su hijo, seguro que ha estado soñando con dragones".
    Esteban pensó, ¿imaginación?, ¿soñar?... ¡Imposible! él no tenía imaginación, y nunca antes había soñado.
    Lo que había pasado, lo que había vivido, esa noche había ocurrido de verdad, seguro, 100x100 seguro.
    La cuestión es, que a partir de ese día, Esteban pudo imaginar aventuras, soñar con su amigo el dragoncito, y aunque todos le dijesen que era un amigo imaginario, él lo vivió como si fuese de verdad, al menos por una noche, él supo que fue real, y el resto... ¿Quién podía negar que sus sentimientos y emociones, no lo fueran?
    Si vives una aventura con tu imaginación, será tan real, cómo tú quieras que lo sea.
    Que tengas lindos sueños.

    FIN


    Este relato está dedicado a una mamá muy especial, que me ha animado a escribir mis sueños, mis ideas, las que espero que un día se hagan realidad.



    Y.L.L.
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